El homenaje a Carlos Vives

El homenaje a Carlos Vives

Homenaje a Carlos Vives?

Llegué a Colombia por primera vez hace casi 20 años. Atraído entre otros por la cultura latinoamericana y su música. La música ha sido una parte indispensable de mi vida desde que tenía uso de razón. “Sin la música, la vida sería un malentendido”, como decía Nietzsche.

Gozaba de la música que me rodeaba por todas partes. Mi primer día en Colombia el bus entero empezó a cantar “Palomita blanca” cuando salió la canción por los parlantes, el “Joesón” en las discotecas, el grito cuando pusieron una cumbia, la nueva trova en el Café El Pasaje, la extraña melancolía que me provocaba las notas de la marimba de chonta.

Escuché también una música de acordeón en las emisoras, pero no me decía nada. Hasta que me pareció raro mi indiferencia como el acordeón también es un instrumento del folklore noruego.

Un día expresé esa inquietud a una amiga y el día siguiente me regaló un disco. El resto del año no saqué ese disco del equipo de sonido. Se llamaba “Un canto a la vida” y, a pesar de mi español todavía incipiente, esas canciones de un tal Escalona, interpretado por un tal Carlos Vives, me hablaba amontonadas de la vida, el amor y de Colombia.

Luego alguien me regaló la compilación “100 años de vallenato” de Daniel Samper y Pilar Tafur que estoy escuchando todavía. Mi único reproche es que ese descubrimiento arruinó mi vida sentimental.

Mi pareja noruega siempre decía que el mundo se veía naranjado al escuchar esa música. En mi concepto, ni Gabo lo ha expresado mejor.

Infortunadamente ella me dejó luego de uno de mis viajes por La Provincia, cuando ya uno podía viajar, investigando las raíces de esa música que me tenía embrujado. Que no quería estar con alguien que amaba más a un país que a ella. Pero más que el país, se trataba del poder hipnotizante del vallenato.

Pero a pesar de ese desamor, siempre estaré profundamente agradecido con Carlos Vives por haberme revelado ese tesoro que es el vallenato verdadero. La Fundación de la Leyenda Vallenata merece elogios por haber tomado la decisión de homenajear a la persona que más ha hecho las últimas décadas para difundir el vallenato verdadero – atravesando fronteras nacionales, de géneros musicales y de generaciones.

El vallenato necesita más de estos misioneros para que gente gentil como yo descubra la mejor música del mundo. El festival ha desempeñado un papel fundamental para rescatar la música y el formato del conjunto clásico en especial.  Ahora con un ejército de músicos altamente preparados mi deseo es que contribuyan también a la aparición de nuevas fusiones musicales, como hizo Carlos Vives con el rock, y como está haciendo Chabuco con el jazz y Alejandro Zuleta Vallenato Collective con el piano. El rescate y la consolidación lograda debe ahora abrir paso a un proceso de difusión y fusión, como simboliza el homenaje a Carlos Vives.

 

 

El único que tal vez ha hecho una labor parecida a la del samario homenajeado para difundir el vallenato, es el cienaguero Guillermo Buitrago con su guitarra. Y el mayor orgullo de los grandes juglares del siglo pasado era cuando las bandas de viento, como la de Pacho Galán, tocaron sus obras. El vallenato debe esforzarse más para reabrir ese dialogo con otros géneros.

Mario Vargas Llosa ha dicho que una cultura tiene que vivir libremente y constantemente encontrarse con otras culturas para que se refuerce y adapte al flujo continuo de la vida. En ello coincide su otrora amigo Gabo que confirmó en una entrevista con Ernesto McCausland, hablando justamente del desarrollo del vallenato, que “el día en que eso no sucede, se murió, se acabó.”

Pero para que ese desarrollo sea ventajoso tanto para el vallenato como para Colombia, el vallenato debe de nuevo posicionarse como el género que cree las mejores composiciones, como hicieron sus progenitores. Tal vez esto será el mayor reto para el festival vallenato en sus próximos 50 años de existencia. Como escribió esta semana xxx, tal vez hay que enfocarse más en la corona de la canción inédita que en la de acordeón de ahora y adelante.

Y como dijo Adolfo Pacheco en una parranda aquí en el Centro Cultural Leandro Díaz en la Semana Santa: lo que les dio la magia enganchadora a las canciones vallenatas de antaño era que siempre nacieron de una vivencia concreta. En ellas yace la energía que hiciera esta música irresistible.

En Colombia, tal vez más que en otros países, hay un sinfín de dramas cotidianos que merecen ser contados. Hay que recostar el taburete en la puerta y empezar a contar, como dice Gabo en “Los funerales de la Mama Grande”.

Con caja y guacharaca. No puede ser que el vallenato, ese género narrativo por excelencia, sigue dejando esa tarea a los raperos.

Claro que a algunos no les va a gustar estos cambios. Por eso es importante hacerles homenaje a los innovadores, como Carlos Vives. “Soy libre, puedo cantar, pregúntele a Leandro Díaz” como cantó a manera de respuesta a sus críticos, acudiendo a otro rebelde al que también le (¿) tocó luchar para abrirse espacio por diferente. Alguien que también movió los límites del vallenato, para poder contar las experiencias de los discapacitados, miserables y excluidos:

Encontré compositores con mucha fama en el pueblo

Cuando yo cantaba un verso a mí se burlaban

Pero yo me fui metiendo como ¿?? 

Hasta lograr mi objetivo / que es lo que ellos buscaban

de darle nombre a mi nombre / y hacer de verso una historia

y de mostrarle a Colombia / cuanto valor tiene un hombre

(El Pregonero)

 

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